La Torre Bellesguard de Gaudí abrirá al público en septiembre

Gaudi. Torre Bellesguard. Guided Tours

Barcelona ganará en septiembre un nuevo monumento modernista visitable, la Torre Bellesguard.

 

 

 

Esta singularísima obra de Antoni Gaudí, ubicada a los pies del Tibidabo, ofrecerá visitas diarias por primera vez en su larga historia, tanto a sus jardines como al interior. La iniciativa surge de los nietos de su propietaria, Amèlia Roche, que han adecuado la finca para que pueda recibir a grupos y particulares a partir del miércoles 18 de septiembre, de lunes a sábado y en dos modalidades distintas.

Bellesguard tiene varias particularidades que le otorgan un valor histórico y artístico distinto al de los grandes hitos del modernismo barcelonés, como La Pedrera o la Casa Batlló. Antoni Gaudí la construyó para Jaume Figueras, comerciante y amigo personal del arquitecto, que quería construir su flamante residencia en un espacio emblemático y lleno de significado político. La colina donde está situado albergó en el siglo XIV el castillo de Martí l'Humà, el último rey del Casal d'Aragó. Según dice la leyenda, en el siglo XVIII también sirvió de escondite al bandolero Serrallonga. Para dos hombres de la Renaixença como Figueras y Gaudí, Bellesguard era un espacio único, para el que había que crear un edificio igual de especial y simbólico.

El genio modernista aprovechó los pocos elementos que quedaban de la fortaleza medieval –que mucho antes ya había sido torre defensiva romana y seguramente también poblado íbero– e ideó un nuevo edificio con apariencia de castillo, con almenas y más líneas rectas de las que son habituales en su estilo. Rompió la rigidez con una piel de pizarra y muchos volúmenes incrustados en la fachada, como bancos de mosaico, verjas de hierro forjado, coloridos ventanales, cenefas de ladrillo, barandillas y tuberías en forma de hiedra. Tras servir de vivienda a la viuda de Figueras –él murió antes de verla terminada–, fue incautada durante la Guerra Civil y usada como orfanato.

En 1944 el oncólogo Lluís Guilera Molas, suegro de la actual propietaria, compró la torre y la convirtió en un pequeño hospital oncológico, etapa de la que se conserva abundante documentación, instrumental y fotografías. Es Bien Cultural de Interés Nacional desde 1969. En las últimas décadas ha sido únicamente residencia familiar y lo seguirá siendo ahora que abrirá al público. 

 

Fte: La Vanguardia